Llevo seis años en Khan Academy. Tengo 247 mil puntos de energía, he cambiado de avatar tres veces y, para obtener el más grande de la plataforma, me faltan cuatro mil puntos. Lo cuento con algo de vergüenza y bastante cariño, porque es la mejor prueba que tengo de que una herramienta gratuita puede enganchar a quien la usa. Y aun así, cada vez que la presento a profesores noto que la reducen a una biblioteca de videos de matemática. Para mí es otra cosa: es una forma de recuperar tiempo de clase.
La recomendación que doy primero parece menor, pero lo define todo: ingresen con la cuenta educativa y activen el rol de maestro. Todos somos estudiantes en Khan Academy, pero solo quien activa el rol docente puede crear clases, asignar tareas y ver cómo trabaja cada estudiante. Allí conviene configurar el seudónimo, el usuario, las notificaciones que realmente se quieren recibir y, algo que casi nadie hace, una contraseña. Y si los estudiantes son pequeños, crear sus cuentas y entregarles usuario y contraseña impresos, porque esa información solo se muestra en el momento de crearlas. Hay también un panel para padres: el padre pide unirse a su hijo, el hijo acepta desde su correo y desde entonces puede ver las tareas asignadas, las realizadas y las que faltan.
La plataforma tiene mucho más que matemática. Hay cursos de economía y finanzas personales, que sirven para la competencia de gestión responsable de los recursos económicos, de programación, con la hora del código, de mentalidad de crecimiento y hasta un curso para maestros, completamente gratuito, que recomiendo hacer antes que nada. En Perú, además, los contenidos de matemática y ciencias se organizaron por grado según el currículo nacional gracias a un convenio con la Dirección Regional de Educación de Lima Metropolitana, y existe una versión organizada con la lógica de Innova Schools, que fueron los pioneros del uso de la plataforma en el país. Si alguien lee inglés, su versión original es bastante más rica, con muchos más videos para inicial y para todas las edades, aunque los subtítulos también estarán en inglés.
Pero lo importante no son los contenidos, sino cómo los usamos. Hay cinco usos que me han funcionado. El primero es el aula invertida: asigno una lección completa, con sus videos y prácticas, para que mis estudiantes la trabajen en casa y lleguen al aula con el conocimiento adquirido. La clase queda libre para construir conexiones, trabajar en equipo y desarrollar competencias, quizás con un proyecto, en vez de explicar. El segundo es el diagnóstico: antes de empezar un tema asigno a todos el mismo conjunto de preguntas, de modo que pueda ver en qué punto está cada uno. El tercero es la práctica durante la clase, y aquí hago lo contrario: asigno un conjunto diferente de ejercicios a cada estudiante, porque si uno se enreda puede preguntarle a su compañero, y mientras tanto yo recorro los puestos. El cuarto es una salida de clase: al final, el mismo conjunto de preguntas para ver qué tanto se aprendió y a quién conviene reforzar. El quinto lo llamo la hora de Khan Academy, en homenaje a la hora del código: cuarenta y cinco minutos en los que no doy clase y los estudiantes avanzan, con audífonos, por una lección completa. Ahí me desocupo para atender diferencias, mirar cuadernos y hacer lo que desde el punto de vista pedagógico es más estratégico. Transmitir contenido nos desgasta, nos llena de contenido y no necesariamente nos acerca a la competencia.
Hay un error que cometen muchos docentes al empezar, y es asignar las tareas mediante el enlace de Google Classroom o de las redes sociales. Si el estudiante entra sin haber iniciado sesión, la actividad se hace pero no se guarda, y yo me quedo sin saber si vio el video. Prefiero asignar desde la plataforma y pedirles que inicien y cierren sesión, para tener trazabilidad. También sugiero tener activos tres grados: el actual, el anterior y el siguiente, para recomendar refuerzo a quien lo necesita y ampliación a quien puede ir más lejos. Y el reporte distingue cinco niveles, desde quien ni siquiera lo intentó hasta quien además hace los desafíos, que se parecen a lo que conocemos como inicio, proceso, logro esperado y logro destacado.
Lo que más me gusta, y casi nadie hace, es mirar la sección de preguntas debajo de cada video. Allí hay comentarios de estudiantes de toda Latinoamérica, y una vez al mes dedico una clase entera a que mis estudiantes lean, voten, respondan dudas y escriban agradecimientos. Es una manera simple de desarrollar la competencia intercultural y de hacer comunidad.
Todo esto se sostiene en teorías conocidas. El dominio del aprendizaje, o mastery learning, que permite equivocarse, ver una pista y volver a intentar. La evaluación formativa, porque los errores del estudiante generan sugerencias. La metacognición y el aprendizaje visual. El lema de la plataforma es que todos pueden aprender, y creo que lo cumple mejor que muchas otras herramientas. Solo me queda una pregunta: si pudieras recuperar una hora de explicación a la semana, ¿en qué la gastarías?





